Néstor Grindetti aspira a ser el próximo intendente de Lanús. Esta vez, Política del Sur, lo sacó del discurso de campaña clásico e indagó en la parte más humana del candidato.
En la esquina de Veracruz y Udaondo, en Villa Atlántida (Lanús oeste), se puede ver el testimonio de otra época. Aquella en la que los almacenes de barrio eran un templo de consumo local. Hay un viejo local, al que el tiempo le pasó por arriba, aunque esas calles aún conserven una mística especial en la que viejos fantasmas de una época sin inseguridad permitían una ceremonia vecinal de fiestas, piberíos futboleros y obreros que soñaban con los hijos universitarios.Allí se crío Néstor, un pibe como todos que recuerda “la comunión que habría entre los vecinos, fundadores de ese barrio”. “Vivíamos jugando en la calle, todo el tiempo con los otros pibes, o en la casa de otros vecinos. Las madres estaban tranquilas que podíamos salir a la calle o que nos podían dejar al cuidado de otras madres del barrio”. Ese es el primer recuerdo de la infancia de quien hoy es uno de los probables futuros intendentes de Lanús.
Néstor Grindetti es un hombre sobre quien se sostiene la economía de la Ciudad de Buenos Aires. Maneja el tercer presupuesto más importante del país (y uno de los más importantes de Latinoamérica) y cuando se le pide una remembranza de su niñez, dice: “Nos criamos en el club del barrio, de Villa Atlántica, que hoy lamentablemente está descuidado”. “Los vecinos eran amigos en esa época hermosa, y recuerdo mucho aquellas alegrías de fin de año y las fiestas en la calle entre toda una comunidad unida”. La cara le cambia a este candidato a intendente de Cambiemos cuando deja por un momento la rigidez de una campaña electoral cruzada por las polémicas y deja que su mente vuelva para atrás. Sueña con que desde el Estado se pueda recuperar cierta mística del barrio y la comunidad que lo formó, de aquel Lanús relajado con el trabajo, la escuela, las cocinas con olor a comida casera y el piberío inundando las tardes con gritos de gol.
El fútbol aún lo marca al hombre. Independiente, sobre todo, y Lanús. Va poco a la cancha, aunque este fin de semana no se perdió ninguno de los dos clásicos: el rojo con Racing y Lanús-Banfield.
“No hay que caer en el error de pensar que todo lo moderno es malo, porque no es así, pero se puede recrear algo de aquel pasado hermoso. Los chicos pueden tener wifi y a la vez tener un club de fútbol para que realicen deportes de equipo. Hay además que ganar ese espacio público asegurando la higiene y la seguridad”, explica el candidato del PRO.
Grindetti tuvo “un viejo tornero” y una “mamá pantalonera”. Fue un ambiente de obrero, de gente que se ganaba el mango diario, humilde, sin lujos, austero de ornamentos, pero generoso de amor y alegrías cotidianas.
El hombre recuerda además la escuela, y en una semana en que se festejó el día del maestro (11 de setiembre) el ministro recuerda a Atilio Alonso “un gran valor, un verdadero maestro de sexto grado”, con quien cada tanto habla con él.
La política de los `70
Una sociedad altamente politizada, con debates que atravesaban una comunidad, fueron el inicio de una adolescencia en la que “las grandes tertulias de cuestiones políticas”, empezaron a marcarle el rumbo a Grindetti: “Íbamos poco a bailar en esa época, porque la cuestión marcaba otra cosa, como estar en bares hablando de política. La verdad que los sábados a la noche era más de juntarse a tomar ginebra en la casa de alguien, escuchar rock nacional como Vox Dei y discutir mucho de política”. “Aquella era una noche mucho más tranquila, recuerdo. Tenía una novia que vivía en Zuloaga y 20 de Septiembre en Escalada y la dejaba en la casa a las tres de la mañana y me volvía caminando hasta Udaondo y Veracruz y nunca me robaron y eso se puede recuperar y hay que recuperarlo”, sostiene el candidato del PRO.
El ministro hizo la Universidad en dos tiempos porque trabajaba, y luego en 1979 empezó a trabajar como “casi cadete” en una empresa y allí conoció a Mauricio Macri. Tiene una hija de 35 años (Paula) y Ambar una nietita de siete, además de Pablo de 33, su otro hijo ahora en pareja y su mujer Karina.
“En este momento vivo de campaña, pero sino me levanto a las siete de la mañana y me voy a trabajar, pero sino una o dos veces por semana a la noche me junto con amigos, y los fines de semana son para la familia tratando de estar al aire libre, además de hacer ejercicio, pero también ver cine y leer”, repasa el candidato.
Un intendente con mirada barrial
“Si la gente me elije, los clubes de barrios van a tener un rol central en mi gestión porque 220 clubes en Lanús funcionando bien, son 22 mil pibes de que no están en las calles, contenido 100 en cada club”, se esperanza el ministro de la Ciudad.
Grindetti ajusta ahora el discurso: “Con muy poca ayuda del Estado hoy esos clubes hacen mucho. Hay buena y mala dirigencia, pero lo que les voy a exigir es que funcionen como contención de la infancia”. Y también plantea que “los jubilados tengan un lugar para que su tiempo sea lo más feliz posible, con propuestas para gente joven, como emprendimientos para que puedan aportar a la sociedad”.
Por otro lado propone: “La cultura tendrá un lugar muy importante en Lanús cuando seamos gobierno porque habrá una fuerte descentralización de la cultura en los barrios. Más allá de que vamos a levantar el teatro en Gerli”.
Grindetti aspira a ser el próximo intendente de Lanús. Siempre habla de política y de economía y seguridad, pero esta vez, Política del Sur trató de ir más allá y descubrir qué lo marcó en la vida: el barrio. Sin duda, su tradición más remota, será la brújula para recrear aquel Municipio que hizo feliz a sus “viejos”.
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