Políticas del Sur
El líder del massismo aguantó las críticas hasta de Clarín y La Nación. Othacehé busca lavar su imagen. Hubo líneas molestas y líneas contentas dentro del Frente Renovador. Massa espera que la noticia se diluya con la discusión paritaria y obliga al mismo tiempo a una desmentida de otros intendentes del oeste.
Por Ricardo Carossino
Una lluvia de críticas cayó sobre el diputado nacional y líder del Frente Renovador, Sergio Massa, luego de que saliera a decir que estaba “orgulloso” por sumar un intendente como el de Merlo (Raúl Othacehé) de “los quilates de su gestión”.
Lo cierto es que la movida (necesaria por cierto en términos territoriales) le generó una andana de objeciones de todo tipo, tanto por dentro como por fuera de su propio espacio.
Ciertamente las críticas más llamativas fueron las de Clarín y La Nación, que luego de callar en un primer momento el polémico acuerdo, marcaron la cancha fuertemente por la incorporación de uno de los barones del conurbano más caracterizado.
Desde luego, no la foto más polémica de Massa, que en las sombras tiene operando a dirigentes de imagen esmerilada como Luis Barrionuevo y Eduardo Duhalde, pero la coyuntura y el golpe de efecto político que causó la decisión, elevó la sensación térmica en la Provincia de Buenos Aires.
Llamado “traidor” por el senador provincial Mario Ishii y criticado por el intendente de Tres de Febrero, Hugo Curto, Othacehé pegó el salto que, según fuentes consultadas de la Primera, “ya se sabía desde hace meses”. Más allá de estos dos barones, pares de Othacehé, todos los dirigentes K que pudieron hablar del tema, dejaron en claro su crítica.
Quizás la crítica que más llama la atención es la de la prensa K, quienes cuestionan la imagen de barón que alimenta el Jefe Comunal de Merlo, criticando que Massa apostó a un intendente que hace uso y abuso de la facultad de reelección indefinida. Pero lo cierto es que Cristina Fernández, al contrario de Massa, nunca cuestionó esa posibilidad política.
La pregunta que subyace, desde luego, es por qué Massa hizo una jugada tan arriesgada mediáticamente y la respuesta es una sola: necesitaba un intendente del oeste puro.
Hoy Massa tiene pleno manejo político sobre el norte y el noroeste del conurbano, pero en la línea Morón, Ituzaingó y Merlo, estaba rengo. Ahora, ya tiene su soldado, que internamente provoca incluso algunos resquemores internos.
Hay dos líneas que se ven afectadas dentro del massismo por esta decisión. Una es la línea del intendente de Malvinas Argentinas, Jesús Cariglino, que tenía un hombre capaz de pelear la intendencia de Merlo (Gustavo Menéndez), y la otra es la línea del diputado nacional Darío Giustozzi, que con un Cariglino enojado (mirado con simpatía por el PRO y jugando a las provocaciones con el sciolismo), gana terreno para pelear la candidatura a gobernador desde la Tercera.
Fuera del armado propio, las críticas que más llamaron la atención fueron las de TN, la del diario La Nación y la de los editorialistas de Clarín, Eduardo van der Kooy y Ricardo Kirschbaum.
Las fuentes del massismo consultadas señalan que Clarín salió a marcarle la cancha a su candidato a presidente para advertirle que el Grupo maneja un poder que no puede ser puesto a prueba. Por otra parte, La Nación tiene un pleito personal con Othacehé por una pastera y deja en claro que nada distrae al medio mitrista de la pelea de sus propios intereses.
Massa decidió pagar el costo político que le traería sumar a un hombre tan polémico como Othacehé porque marcaba la cancha para otros jefes comunales que coquetean con el Frente Renovador.
Pero el ex Intendente de Tigre no es un improvisado en estas tareas, y más allá de que el ex presidente Eduardo Duhalde vio devaluar su poder, el diputado nacional aprendió de un tiempista como el hombre de Lomas de Zamora.
A Massa no le tembló la mano al aguantar las críticas que le llovieron incluso desde TN con dirigentes del FAP denunciando al intendente de Merlo. Sabía que tenía que jugarse por este dirigente del peronismo ultraortodoxo con notas filofascistas (tratar de comunista al Nuevo Encuentro y decir que quienes lo denuncian “toman mucha droga”) y lo hizo en febrero de 2014, lejos de las elecciones y a pocos días de que la discusión por las paritarias tape la noticia massista.
Además, obligó a otros jefes comunales a salir a desmentir un éxodo. Desde luego el más observado es ahora el vecino de Othacehé, el intendente de Ituzaingo, Alberto Descalzo y a pesar de su desmentida pública, el concejal y principal referente del massismo de Ituzaingó, Roberto Rocha, adelantó la jugada y salió a que si se sumara el intendente lo enfrentarían en una interna abierta, pero nada lo criticó.
Según las fuentes consultadas, hubo una bajada de línea del titular del PJ provincial e intendente de La Matanza, Fernando Espinoza, de una desmentida inmediata para no dejar que se levante mucho polvo.
Fue así como Massa empujó a los intendentes de Moreno, Mariano West, de Campana, Stella Giroldi, de Tres de Febrero, Hugo Curto, de Navarro, Santiago Maggioti, de General Rodríguez, Juan Pablo Anghileri, de General Las Heras, Juan Carlos Caló y de Ituzaingó, Alberto Descalzo, a reunirse con Espinoza para desmentir un pase al Frente Renovador.
“Somos parte de este proyecto político desde su inicio y en él seguimos trabajando para que se profundicen las políticas de inclusión y desarrollo que este gobierno peronista viene implementando desde hace más de una década”, aclararon los Intendentes. Claramente Massa pagó un “alto costo” político, pero lo hizo tempranamente esperando que pronto se desdibuje la noticia y sembrando dudas por doquier.